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Viento & Energía día II: Ideas y conclusiones Imprimir E-Mail
viernes, 11 de agosto de 2017
La segunda jornada de ‘Viento & Energía - Expo Argentina 2017’, evento anual organizado por la Asociación Argentina de Energía Eólica (AAEE), contó con la participación de importantes referentes del desarrollo sectorial tanto a nivel local como regional.


Uno de ellos fue Juan Carlos Villalonga, diputado nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y reconocido promotor de las energías verdes, quien consideró redundante hablar de las ventajas o las oportunidades que las mismas ofrecen.

“Hoy todo eso está más que claro. Después de mucho despotricar, estamos cada vez más cerca de tener un marco regulatorio y una política adecuada en el país”, destacó el legislador ante un nutrido auditorio en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA).

En líneas generales, aseguró, el panorama de las energías renovables a escala global luce alentador, pero el desafío que el mundo tiene por delante sigue siendo enorme.

“A pesar de las buenas noticias que surgen día a día, todavía no estamos a la altura de las necesidades del planeta ni de los retos que nos impone el cambio climático”, advirtió.

De hecho, recordó, en la Argentina hay actualmente más de 1 millón de hectáreas productivas bajo el agua. “Y ese anegamiento llegó para quedarse, por lo que esas zonas dejarán de tener productividad”, lamentó Villalonga, quien enumeró los colosales esfuerzos que deberán llevarse a cabo en el país y en el resto del mundo para respetar los acuerdos internacionales adoptados con fuerza vinculante que apuntan a limitar la suba de la temperatura a 2 grados centígrados para el año 2050.

Para que sea posible modificar la tendencia actual, prosiguió, el pico de emisiones de dióxido de carbono (CO2) tiene que darse en 2020. “Tenemos tres años para salvar nuestro clima. Lo bueno es que la tecnología capaz de lograr esto se encuentra plenamente disponible y es competitiva”, celebró el diputado.

A su entender, la Argentina está avanzando a un buen ritmo en la materia. “Por primera vez tenemos un Gobierno que está dispuesto a fijarse objetivos de energías renovables y a tomarlos en serio. Si sostenemos esta dinámica, podremos cumplir algunas metas importantes, pero resta mucho por hacer, no hay que conformarnos con que el negocio esté en marcha”, concluyó.

Siguiendo esa idea, Juan Ismael Retuerto, director de ENAT y de la firma NRG Patagonia, se refirió a la necesidad de implementar acciones integradas y a largo plazo entre el sector público y el privado. “Las exitosas adjudicaciones eólicas del Plan RenovAr sumaron 1.472 MW de nueva potencia entre las Rondas 1 y 1.5, pero no se observó el mismo impacto positivo en lo tecnológico y socioeconómico. Esperamos y creemos que es posible que la industria nacional crezca mucho más”, opinó.

Era lógico, afirmó, que la política de apertura a las fuentes renovables impulsada por la nueva legislación transformara a la Argentina en un destino apetecible para los inversores y que eso se tradujera en ofertas cada vez mejores. “Lejos de rechazar esto, propongo pensar cómo podemos impulsar una mayor inserción del empresariado, la tecnología y el trabajo local frente a un escenario de alta competitividad y precios a la baja”, sugirió.

Desde su óptica, las universidades podrían estar más integradas al segmento, para lo cual faltan materias relativas a la temática y un mayor contacto con las demandas del mercado. “Se requiere un plan estratégico con las cámaras empresariales y sindicatos, las instituciones educativas y el Gobierno, que creo que se muestra permeable a este tipo de iniciativas”, reflexionó.

A su turno, Esteban Van Dam, cofundador de 500 RPM y gerente de Desarrollo de la consultora Aires Renewables, reivindicó el atractivo que la energía eólica de baja potencia posee para el país. “La Argentina tiene una geografía muy vasta, con poblaciones aisladas que no están conectadas con la red nacional. Hay, por ejemplo, 2.700 escuelas rurales sin conexión. Esta problemática podría revertirse con aerogeneración de baja potencia”, graficó.

Un 70% del territorio argentino, acotó, exhibe vientos viables para esta clase generación, y la educación técnica está muy expandida (resulta difícil encontrar un pueblo que no tenga una escuela técnica). “En base a estas condiciones, la energía eoloeléctrica de baja potencia puede convertirse en una tecnología de electrificación rural masiva”, recalcó el directivo, quien juzgó vital el acompañamiento comunitario.

De acuerdo con Mariano Cervieri, responsable comercial de ABO Wind en la Argentina, luego de varios años de esperar que el mercado de las renovables despegue, ahora que finalmente lo hizo la gran pregunta es cómo se va a sostener este proceso a futuro. “La financiación es un tema que preocupa, pero en verdad el ‘riesgo-país’ es sólo una de las variables a considerar. Los proyectos en sí mismos deben justificar su financiación. Es clave, en ese sentido, elevar los estándares de ingeniería y construcción”, sentenció.

Con una oficina activa desde 2006 y una gerencia operativa en el país, ABO busca -justamente-contribuir con ese objetivo. “Tenemos proyectos a lo largo y ancho de la Argentina. Disponemos de un equipo de trabajo local con una unidad comercial y otra de ingeniería. Consideramos que la experiencia alemana en el sector es un valor agregado para el negocio local”, expresó el ejecutivo, que recordó que su compañía no sólo se dedica al desarrollo de emprendimientos, sino también a la provisión de apoyo en los servicios.

En representación de Artco Consulting, Artur Lovro resaltó la importancia del mantenimiento de los equipos y componentes eólicos, tomando como ejemplo los tipos de defectos y fallas encontradas en palas de aerogeneradores brasileños. “Actualmente se instalan muchas turbinas y molinos, pero no se habla tanto de su mantenimiento. Y se trata de un tema esencial, ya que los problemas de confiabilidad en la operación disminuyen la credibilidad en el segmento eólico”, manifestó.

En Brasil, explicó, el 80% de los parques eólicos se ubica en el noreste. “Nuestros vientos presentan un elevado factor de capacidad (concepto que alude a la relación entre el kWh generado y la potencia instalada a lo largo de un año en un sitio), lo que desgasta y acorta la vida útil de los generadores, además de exponerlos a diversas fallas y defectos. Esto obliga a llevar a cabo un mantenimiento muy intenso”, señaló.

Según sus palabras, el envejecimiento gradual de las máquinas y sus componentes demandará cada vez más servicios especializados. “Se proyecta que la provisión de mantenimiento crecerá más de cinco veces en los próximos 10 años”, anticipó.

Para cerrar la jornada, Rubén Fabrizio disertó sobre el agregado de valor y la creación de empleo como metas del Clúster Eólico que conduce. “Hoy hay 72 participantes activos en el Clúster que son el emergente de otras 200 empresas con capacidad para pertenecer a esta cadena industrial”, informó.

La Argentina, indicó, necesita dar trabajo digno a sus habitantes y la industria debe desempeñar un rol central al respecto. “La resolución de nuestros desafíos energéticos debe apalancarse en la actividad industrial nacional. De hecho, cada MW fabricado puede crear entre 15 y 20 empleos (sobre todo en el rubro de las manufacturas)”, estimó el directivo, quien -de todos modos- valoró los avances obtenidos en los últimos tiempos.

A su entender, hoy hay mercado, se está conformando un marco normativo previsible y existe una visión a largo plazo. “Quedan dos caminos a transitar: la radicación masiva de tecnólogos extranjeros o apostar por la industria nacional. En cuanto al segundo sendero, no alcanza con el Plan RenovAr: hay que establecer una nueva línea de financiamiento, teniendo en cuenta que los tecnólogos extranjeros vienen acompañados por sus bancos de desarrollo. Desde el Clúster apostamos a que ambos caminos se unan para que la inversión internacional no clausure la posibilidad de desarrollo tecnológico propio”, completó.


 
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